Ciudad de México.- Hace 71 años, el 3 de julio de 1955, millones de mexicanas acudieron por primera vez a las urnas para participar en una elección federal. Aquel día no sólo renovaron la Cámara de Diputados: marcaron un antes y un después en la historia democrática del país, dos años después de que la reforma constitucional de 1953 reconociera plenamente su derecho a votar y ser votadas.

La conquista fue resultado de décadas de lucha encabezada por sufragistas, activistas y legisladoras que impulsaron el reconocimiento de la ciudadanía política de las mujeres. Antes de ello, únicamente podían participar en elecciones municipales, un derecho reconocido en 1947 que resultaba insuficiente para acceder plenamente a la vida democrática nacional.

México se sumó así a una transformación que avanzaba en distintas partes del mundo. En Estados Unidos, el voto femenino había sido reconocido a nivel federal en 1920 mediante la Decimonovena Enmienda, aunque durante décadas muchas mujeres afroamericanas, indígenas y de otras minorías continuaron enfrentando barreras para ejercer ese derecho. En otros países, el sufragio femenino llegó incluso después que en México, evidenciando que la ampliación de los derechos políticos fue un proceso desigual a nivel internacional.

 

Setenta y un años después, el aniversario llega en un contexto en el que esos derechos siguen formando parte de la conversación pública. Aunque el sufragio femenino está plenamente reconocido en la mayoría de las democracias, en Estados Unidos algunos sectores ultraconservadores han retomado propuestas como el llamado “voto por hogar“, una postura minoritaria que plantea que una familia sea representada electoralmente por una sola persona, generalmente el esposo o jefe del hogar. No se trata de una política oficial, pero sí de un ejemplo de cómo algunos derechos que parecían definitivamente consolidados vuelven a ser objeto de debate.

En México, el panorama es radicalmente distinto al de mediados del siglo pasado. La reforma constitucional de 2019 consolidó el principio de paridad en todos los poderes y órdenes de gobierno, ampliando la participación política de las mujeres en el país.

Ese proceso alcanzó uno de sus momentos más simbólicos en 2024, cuando México eligió por primera vez a una mujer como presidenta de la República, Claudia Sheinbaum. La distancia entre ambos momentos resume la magnitud del cambio: en apenas siete décadas, el país pasó de discutir si las mujeres debían participar en las elecciones a confiarles la conducción del Poder Ejecutivo.

Más que una efeméride, el aniversario del primer voto femenino recuerda que la democracia se construye ampliando derechos. También evidencia que las conquistas políticas no son definitivas y que, incluso cuando parecen plenamente consolidadas, continúan formando parte de las discusiones que atraviesan a las democracias contemporáneas.

 

Fuente: Tribuna