Ciudad de México.- Mientras la mayoría de los visitantes concentra su recorrido en el Zócalo, el Palacio de Bellas Artes o el Templo Mayor, a menos de un kilómetro de distancia existe un circuito de museos que suele pasar desapercibido incluso para muchos capitalinos. En apenas unos minutos caminando, es posible pasar de los murales de Diego Rivera a una colección de Carlos Monsiváis, conocer la historia de la Constitución mexicana o visitar uno de los edificios barrocos más importantes del país.
No es casualidad que esta zona sea conocida como la ‘Ciudad de los Palacios‘. La expresión fue atribuida al científico y viajero alemán Alexander von Humboldt durante su visita a la entonces Nueva España a principios del siglo XIX, al quedar impresionado por la cantidad y riqueza arquitectónica de los edificios civiles y religiosos que concentraba la capital. Más de dos siglos después, buena parte de ese patrimonio sigue en pie y hoy alberga algunos de los museos más interesantes de la Ciudad de México.
El recorrido puede comenzar en el Museo Vivo del Muralismo, ubicado dentro del histórico edificio de la Secretaría de Educación Pública, a unos 300 metros del Zócalo. Inaugurado recientemente, el recinto reúne más de un centenar de murales de Diego Rivera, además de obras de David Alfaro Siqueiros, Roberto Montenegro y Luis Nishizawa. El museo incorpora experiencias digitales e inmersivas que ayudan a comprender el nacimiento del muralismo como un proyecto educativo y cultural tras la Revolución Mexicana.
A unos cinco minutos caminando se encuentra el Museo de las Constituciones, instalado en el antiguo Templo de San Pedro y San Pablo. Administrado por la Universidad Nacional Autónoma de México, explica la evolución constitucional del país mediante recursos interactivos y documentos históricos, convirtiéndose en una opción distinta para quienes buscan comprender la formación del Estado mexicano.

Desde ahí basta recorrer alrededor de 500 metros por la calle de Madero para llegar al Museo del Estanquillo. El recinto resguarda la colección personal del escritor Carlos Monsiváis, integrada por más de 20 mil fotografías, caricaturas, miniaturas, juguetes, grabados y objetos cotidianos que retratan la vida cultural, política y social de México.
A menos de 200 metros del Estanquillo se levanta el Palacio de Iturbide, considerado una de las obras maestras de la arquitectura barroca civil novohispana. Construido entre 1779 y 1785, el edificio funciona actualmente como sede de Fomento Cultural Banamex y alberga exposiciones temporales de arte popular, fotografía, diseño y patrimonio mexicano. Su patio central y su fachada de cantera son, por sí mismos, motivo suficiente para hacer una parada.
Muy cerca, a unos 350 metros, se localiza el Museo Banco de México. Con entrada gratuita, ofrece un recorrido interactivo por la historia del dinero, la fabricación de billetes y monedas, así como el papel que desempeña el banco central en la economía nacional. Gracias a sus experiencias multimedia, se ha convertido en uno de los museos mejor valorados para visitar en familia.
Quienes deseen ampliar el recorrido pueden caminar poco más de medio kilómetro hasta el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, el primer museo creado en México, cuya colección reúne piezas provenientes de Asia, África, Europa y Oceanía. A menos de diez minutos de ahí también se encuentran el Museo José Luis Cuevas, instalado en el antiguo Convento de Santa Inés, y el Museo Kaluz, frente a la Alameda Central, cuya terraza ofrece una de las mejores vistas del parque.
La Ciudad de México alberga más de 170 museos, una de las cifras más altas del mundo. Sin embargo, miles de personas recorren diariamente el Centro Histórico sin detenerse en muchos de estos recintos, separados entre sí por apenas unos cientos de metros. Para quienes buscan una forma distinta de conocer la capital durante las vacaciones de verano o antes de que concluya la actividad relacionada con el Mundial 2026, este circuito demuestra que algunos de los mayores tesoros culturales de la ciudad no requieren largas filas ni grandes desplazamientos: basta con caminar unas cuantas calles entre palacios centenarios para descubrirlos.

Fuente: Tribuna
