Ciudad de México.— Los mexicanos viven, en promedio, alrededor de 75 años, cerca de una década menos que las poblaciones más longevas del mundo. Sin embargo, el país ya enfrenta el costo de envejecer: más pensiones, enfermedades crónicas y cuidados deberán financiarse con una proporción cada vez menor de habitantes en edad laboral.

Las estimaciones de World Population Prospects, de la Organización de las Naciones Unidas, sitúan a Mónaco, San Marino y Japón entre los países y territorios con mayor esperanza de vida, con promedios cercanos o superiores a 85 años. México permanece lejos de esos niveles pese a que su población envejece.

La causa principal no es un aumento extraordinario de la longevidad, sino la combinación de menos nacimientos con el avance de generaciones numerosas hacia edades mayores. En otras palabras, el país envejece antes de lograr que sus habitantes vivan tanto como en Japón o Europa occidental.

Para elaborar sus estimaciones, la ONU integra censos, registros de nacimientos y defunciones, encuestas demográficas y estadísticas migratorias. Con estos datos calcula la evolución de cada generación de acuerdo con la fecundidad, la mortalidad y la migración.
México llega a esta transición con desventajas. Las enfermedades crónicas, la desigualdad, la violencia y el acceso irregular a servicios médicos reducen la esperanza de vida y aumentan la posibilidad de llegar a la vejez con problemas de salud o dependencia.

La presión demográfica crecerá rápidamente. México tiene aproximadamente 14 personas de 65 años o más por cada 100 habitantes de entre 20 y 64 años. La relación superaría las 30 hacia mediados de siglo, lo que significará menos personas en edad laboral por cada adulto mayor. La proporción no representa directamente el número de contribuyentes, pues una parte importante del empleo mexicano permanece fuera de la seguridad social.

El costo ya aparece en las cuentas públicas. El gasto en pensiones pasó de 1.3 por ciento del producto interno bruto en 2000 a 4.5 por ciento en 2022, pese a que México todavía tiene una población relativamente joven y una cobertura pensionaria limitada.

A las jubilaciones se sumarán tratamientos para enfermedades crónicas, rehabilitación, infraestructura accesible y servicios de cuidado de largo plazo. Sin una expansión suficiente de la cobertura pública, una parte creciente de esos gastos y del trabajo de cuidados recaerá sobre las familias. El reto de México no será únicamente vivir más, sino financiar una vejez más numerosa, prolongada y saludable.

Fuente: Tribuna