Querétaro.— Hay noches en las que el fútbol solo confirma lo evidente y termina por poner cada cosa en su lugar. Cuando el ecosistema de una institución deportiva está sumido en la tormenta mediática y la incertidumbre —como le ha ocurrido a Tigres en las últimas semanas—, el caos termina por reflejarse en la cancha. No es que el cuadro hoy dirigido por Hernán Elizondo sea un desastre absoluto —sería falso decir que no hila tres pases o que no genera peligro—, pero la realidad es que el equipo ha olvidado el camino a la victoria. Por el contrario, el rival siempre se las arregla para arrebatarle el resultado o, como hoy, propinarle un duro descalabro.

La velada en el Estadio La Corregidora no ofreció tregua a un conjunto felino golpeado anímicamente tras la sorpresiva renuncia de Guido Pizarro a la dirección técnica. Bajo las órdenes del interino Elizondo, los regiomontanos buscaban con urgencia su primera victoria del Torneo Apertura 2026. Sin embargo, en lugar de hallar calma, tropezaron con ráfagas de contundencia local y un desenlace dramático que culminó 3-2 a favor de los Gallos Blancos de Querétaro; una película similar a la vivida ante San Luis y Tijuana.

Desde el silbatazo inicial de la árbitra central Katia Itzel García —de polémica actuación—, el planteamiento táctico de los locales exhibió el punto más endeble de este Tigres: sus severas desatenciones defensivas. Apenas al minuto diez, el dinamismo queretano rindió frutos. Tras una aproximación que forzó el rechace apurado de Nahuel Guzmán, el esférico quedó a la deriva en el área chica. Con olfato oportunista, el canterano rayado Alí Ávila empujó el balón al fondo de las redes para el 1-0 tempranero que encendió la euforia en la tribuna.

Lejos de reaccionar, la escuadra auriazul lució errática y desorientada, concediendo espacios entre su línea de medio campo y la zaga. Querétaro no dejó pasar la oportunidad y asestó un segundo golpe a gran velocidad. Mateo Coronel orquestó un contragolpe fulminante desde su propia mitad; aprovechando el replegado tardío y cansino de la defensa visitante, el atacante avanzó por la banda, se perfiló y sacó un potente disparo cruzado que dejó sin posibilidades a Nahuel. En tan solo media hora de juego, la pizarra reflejaba un 2-0 adverso para un equipo al borde del colapso futbolístico.

Sin embargo, si algo ha caracterizado a la plantilla de San Nicolás de los Garza a lo largo de los años, es la jerarquía individual para reaccionar ante la adversidad. Cuando el descanso se avizoraba sombrío, la sociedad ofensiva felina despertó al minuto 40: Juan Francisco Brunetta asumió las riendas del trámite y sacó un centro milimétrico al corazón del área. Rodrigo Aguirre, quien retornaba al once estelar tras cumplir su sanción por expulsión en la jornada inaugural, se elevó entre los centrales para conectar un testarazo implacable que dejó estático al arquero Guillermo Allison. El gol del “Búfalo” inyectó oxígeno puro y envió a Tigres al vestidor con la fe renovada.

La tónica del complemento mantuvo el dramatismo a tope. Elizondo adelantó líneas y mandó a presionar la salida rival. Al final del día, por más que los Gallos Blancos sean un equipo aguerrido y ordenado que le planta cara a cualquiera, y aunque Tigres atraviese su momento más complicado en una década, los de la UANL mantienen un plantel de mayor fuste. El premio a la insistencia llegó al minuto 60, cuando la jueza central señaló una falta dentro del área local. El propio Brunetta tomó la pelota con serenidad y, mediante una ejecución pulcra desde los once pasos, venció a Allison para sellar el 2-2. La remontada parecía al alcance de los universitarios, que arrinconaron a Querétaro durante un largo tramo en el que amagaron con devolver las cosas a la normalidad.

No obstante, la recta final estuvo enmarcada por la controversia. La labor de Katia Itzel García desató protestas constantes en ambos banquillos debido a la falta de intervenciones del VAR en acciones límite: una mano reclamada por los emplumados a Fernando Gorriarán, un contacto sobre Rómulo Otero y un choque entre Nahuel Guzmán y Alí Ávila dentro del área que no se revisaron en el monitor.

En el aspecto meramente deportivo, la oportunidad más clara para la remontada felina llegó a pocos minutos del final. Rodrigo Aguirre aprovechó un trazo a profundidad y encaró a Allison en un mano a mano vertiginoso; sin embargo, al momento de definir, el artillero charrúa precipitó su remate y envió la pelota por encima del arco, desperdiciando una ocasión de oro.

El castigo por la falta de contundencia resultó lapidario. Ya en el tiempo de compensación (minuto 96), Francisco Reyes cometió una infracción en el área chica felina. Tras señalar la pena máxima en primera instancia, la árbitra acudió al monitor tras la llamada del VAR, pero mantuvo su decisión. Santiago Homenchenko —luego de un encendido forcejeo con su compañero Alí Ávila por cobrar la falta— asumió la responsabilidad y cobró con frialdad al fondo de la red para decretar el 3-2 definitivo.

El silbatazo final confirmó una noche amarga más para Tigres, prolongando una racha negativa que los mantiene en la parte baja de la clasificación con solo una unidad. Por su parte, el Querétaro escala a puestos de Liguilla con seis puntos y firma un triunfo de enorme valor anímico en La Corregidora. El problema es que, peligrosamente, este tipo de veladas empiezan a volverse una nefasta costumbre para el entorno regio. Y en puerta está la Leagues Cup.

COLOFÓN

El fútbol no entiende de jerarquías ni de nombres cuando la solidez defensiva se quiebra y la contundencia falla en las áreas. Mientras Querétaro celebra una victoria de carácter y temple que fortalece su proyecto en el Apertura 2026, Tigres se retira de La Corregidora sumergido en una profunda crisis de resultados e identidad. La interinidad de Hernán Elizondo arranca con urgencias inmediatas, obligado a recuperar el orden defensivo y la estabilidad emocional de un plantel que, si bien ya no luce tan arrollador como en antaño, tampoco es modesto y hoy habita en el penúltimo peldaño del torneo.

Fuente: Tribuna