Monterrey, Nuevo León. — En el fútbol profesional, la prisa suele ser la peor consejera. La asfixiante presión mediática y la exigencia cotidiana de la plaza de Nuevo León generan un entorno donde la urgencia nubla con frecuencia la visión a largo plazo. Sin embargo, el reciente proceso del Club de Fútbol Monterrey ofrece un caso de estudio impecable: cómo la paciencia estratégica y la aceptación de un costo político inmediato pueden cimentar un proyecto verdaderamente sólido.

El sacrificio de Rayados el torneo pasado ejemplifica la máxima de retroceder un paso para dar tres hacia adelante. Esta misma fórmula se erige hoy como el espejo en el que Tigres de la UANL debería mirarse con urgencia si pretende evitar el estancamiento estructural de su plantilla y preservar el protagonismo que lo ha caracterizado en la última década.

A principios de este año, la directiva albiazul tomó una decisión compleja pero meditada: prescindir de Domènec Torrent y encomendar el banquillo de forma interina a Nicolás Sánchez. Al asumir esta postura, sumada a la posterior salida de José Antonio Noriega, la cúpula aceptó el costo político de quedar fuera de la Liguilla en el Clausura 2026.

Lejos de ser tiempo perdido, aquel ayuno se tradujo en una ventana inestimable de planeación. La pausa otorgó ventajas fundamentales que hoy se reflejan en el sólido arranque de campeonato bajo la gestión directiva de Dennis te Kloese y el mando táctico de Matías Almeyda. En lugar de salir al mercado por pánico, la directiva amarró a Almeyda con semanas de antelación para el Apertura 2026. Esto permitió evaluar la plantilla a fondo, analizar métricas de rendimiento y armar una pretemporada a la medida con refuerzos de jerarquía como Orbelín Pineda, Diego Rossi y Hugo Cuypers.

La trampa de la inmediatez en el fútbol regio

La trampa de la inmediatez en el fútbol regio

Tigres y la encrucijada en el banquillo

En la acera opuesta se encuentra Tigres. Tras la salida repentina de Guido Pizarro de la dirección técnica y la designación de Hernán Elizondo como estratega interino, el conjunto de la UANL encara un dilema decisivo. La tentación de salir a buscar un entrenador a marchas forzadas en pleno mes de agosto acarrea riesgos considerables: la historia demuestra que las contrataciones de pánico a mitad de semestre se traducen en contratos inflados y proyectos improvisados.

Sostener a Elizondo durante el Apertura 2026 no debe interpretarse como tirar el campeonato a la basura. Por el contrario, representa una gestión madura y responsable para definir con claridad la identidad futbolística del club, reestructurar la nómina de manera gradual y sentar las bases de un equipo renovado con garantías reales de éxito.

La trampa de la inmediatez en el fútbol regio

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Fuente: Tribuna