Monterrey, Nuevo León.- El triunfo de Gallos Blancos de Querétaro por 3-2 sobre los Tigres de la UANL, correspondiente a la Jornada 3 del Torneo Apertura 2026 de la Liga MX, dejó un balance deportivo sorpresivo en la cancha, pero también una intensa conversación en torno al desempeño de la cuarteta arbitral encabezada por la silbante mundialista Katia Itzel García. A lo largo de los noventa minutos y el tiempo de compensación, la conducción del encuentro fue calificada por diversos sectores de la prensa y el análisis especializado como inconsistente, concentrando los señalamientos en el manejo de la disciplina y el uso de las herramientas de asistencia reglamentaria.
El punto de mayor atención en la opinión pública ocurrió durante el tiempo añadido de la primera mitad. Tras señalar una infracción favorable al conjunto visitante, García detuvo las acciones sobre el terreno de juego. Instantes después, el futbolista de los Gallos Blancos, Paulo Víctor de Almeida, ejecutó un impacto sobre el balón que terminó por golpear de manera directa el rostro de la jueza central. La acción provocó una interrupción inmediata y desencadenó lecturas encontradas entre analistas deportivos y exárbitros de cadenas como TV Azteca y TUDN.
Por un lado, una corriente de analistas sostuvo que la jugada ameritaba la expulsión directa del elemento queretano bajo los supuestos de conducta violenta o falta de respeto a la autoridad arbitral. Quienes defienden esta postura señalan que, tras revisar las tomas panorámicas de la transmisión, no se apreciaba a ningún compañero de equipo en la trayectoria inmediata del balón, lo que interpretaban como una acción desmedida. Dado que Paulo Víctor ya se encontraba amonestado en ese momento del cotejo, el sector más estricto de la crítica consideró que la jueza debió exhibir la tarjeta roja o, al menos, la segunda tarjeta amarilla.
Por otra parte, se argumentó la aplicación de un criterio basado en la apreciación de la jugada como un lance desafortunado del juego. De acuerdo con esta perspectiva, el movimiento del futbolista buscaba realizar un cambio de frente hacia la banda opuesta para sorprender a la saga rival con un trazo al espacio libre. La orientación corporal y la mirada del jugador en los segundos previos al impacto sugerían la intención de habilitar a un compañero en una zona mal defendida por Tigres.
Bajo este enfoque, una deficiencia en la técnica de golpeo derivó en el impacto accidental sobre la réferi, lo que llevó a la silbante a desestimar una sanción disciplinaria mayor al considerar que no existió dolo ni intención de agredir a la autoridad. Más allá del incidente puntual con el balón, la labor del cuerpo arbitral continuó bajo la observación de los especialistas debido al desarrollo del apartado disciplinario a lo largo del resto del cotejo.
Distintos analistas del arbitraje señalaron una presunta falta de consistencia en el control de las entradas con fuerza excesiva. En particular, se mencionaron hasta tres jugadas en las que futbolistas del cuadro local emplearon fuerza desmedida en la disputa del balón, las cuales, a consideración de los especialistas en las transmisiones de televisión, reunían los elementos para haber sido revisadas o castigadas con tarjeta roja, manteniéndose únicamente en señalizaciones de falta o amonestaciones menores.
La tensión del encuentro se elevó en la recta final de la segunda parte, cuando el trámite del juego se vio interrumpido por reclamos de posibles faltas dentro de ambas áreas penales. La frecuencia de las revisiones con el sistema de videoarbitraje (VAR) garantizó el cumplimiento del protocolo reglamentario para la toma de decisiones; sin embargo, analistas coinciden en que la constante dependencia de la tecnología restó fluidez a la dinámica del partido. La necesidad de recurrir a la pantalla a pie de campo en momentos determinantes fue interpretada por un sector de la crítica como una muestra de dudas iniciales en el marcaje sobre la cancha por parte de la silbante central.
El resultado final de 3-2 a favor de Querétaro representa un impacto relevante en la tabla general del torneo, pero las discusiones posteriores al silbatazo final se han enfocado en el margen de apreciación de las reglas de juego y los criterios aplicados por el arbitraje encabezado por Katia Itzel García en compromisos de alta exigencia dentro de la Liga MX.

Katia Itzel García
Fuente: Tribuna
