Monterrey, Nuevo León. — En el mapa político nacional, Nuevo León suele comportarse como una isla. Mientras que en gran parte de México la política sigue cautiva por el cacicazgo tradicional y las figuras de abolengo que parecen eternizarse en las estructuras de poder, nuestra entidad ha optado por un camino distinto: la irrupción de la juventud.
Hoy, la clase política metropolitana en Nuevo León vive un relevo generacional contundente. Desde el Ejecutivo estatal, encabezado por Samuel García (nacido en 1989), hasta la mayoría de los ayuntamientos, la narrativa ha cambiado. En los municipios, la juventud no es la excepción, sino la regla. Alcaldes como Deya Martínez en Zuazua, con apenas 25 años, o figuras que rondan entre los 28 y 40 años —como Manuel Guerra en García, César Garza en Apodaca, David de la Peña en Santiago, Mónica Oyervides en Juárez, Carlos ‘El Cuate’ Rodríguez en Cadereyta y Jesús Nava en Santa Catarina—, dominan el panorama. Incluso en los municipios de mayor peso histórico, como Monterrey con Adrián de la Garza o San Nicolás con Daniel Carrillo, las administraciones recaen en perfiles más maduros, pero lejos de la tercera edad. En San Pedro, tras el fallecimiento del octogenario Mauricio Fernández, la transición hacia Mauricio Farah —quien goza de una popularidad que lo perfila para la reelección— ha consolidado esta tendencia. Salvo casos específicos como Andrés Mijes en Escobedo y Héctor García en Guadalupe, el resto del cinturón metropolitano se aleja de la política de la ‘vieja guardia’, a la que, de alguna manera, no se le ve como experimentada, sino como ‘acumuladora de mañas’.
Este fenómeno se replica en los aspirantes al futuro político del estado. Figuras con trayectoria reciente y cargo vigente, como Mariana Rodríguez, Luis Donaldo Colosio Riojas, Jesús Elizondo, Lorena de la Garza Venecia, Félix Arratia o Miguel Ángel Flores Serna, junto al ya consolidado Adrián de la Garza, dibujan una baraja de opciones donde la madurez cronológica ha perdido su valor de cambio. Por el contrario, veteranos de la política clásica como Waldo Fernández, Tatiana Clouthier o el mismo Aldo Fasci —quien, a pesar de haber mantenido una imagen pública potente en su paso por Seguridad, no logró concretar una candidatura ni por la senda partidista ni independiente—, parecen haber perdido la conexión con un electorado que ya no premia la experiencia acumulada, sino la capacidad de impacto inmediato.
¿Qué busca el neolonés? El perfil del político moderno en nuestra entidad responde a una arquitectura precisa: juventud, atractivo físico, telegenia, fotogenia y un manejo digital impecable. Estamos ante la era de la ‘política del empaque’, donde el desenvolvimiento frente a las cámaras es tanto o más importante que la capacidad de gestión.
Este cambio tiene virtudes innegables: aire fresco, renovación y la confirmación de que nuestra sociedad es disruptiva, al menos en la parte política. Sin embargo, no podemos ignorar la otra cara de la moneda: la inexperiencia, la falta de oficio parlamentario y, sobre todo, una peligrosa propensión a la frivolidad.
Nuevo León ha decidido cambiar a sus protagonistas. Ahora queda por ver si esta nueva generación tiene el peso suficiente para transformar la realidad o si se quedará en el destello mediático de un post que, al final del día, no resuelve los problemas de fondo de nuestro estado.
ECCE SIGNUM Guerrero
Fuente: Tribuna
