Guadalajara, Jalisco.- El fútbol es un deporte tan simple como complejo a la vez. Sus mayores dilemas surgen cuando un equipo no es un desastre absoluto ni resulta arrollado por el rival, pero parece haber olvidado el camino hacia la victoria, a lo que se suma el notorio declive de una de sus figuras históricas. Ese es el presente de los Tigres de la UANL. Su mejoría en la Leagues Cup no fue del todo un espejismo —el equipo compite y los empates de visita en Estados Unidos con definición por penales tuvieron valor—, pero el empate en casa ante Vancouver, sumado a este nuevo descalabro liguero, complica el panorama: Tigres no le gana a nadie.

En un duelo caracterizado por constantes cambios de ritmo y un cierre dramático, los universitarios cayeron 2-1 frente al Atlas en la cancha del Estadio Jalisco, en duelo correspondiente a la cuarta jornada del Torneo Apertura 2026 de la Liga MX. Pese a reaccionar en el primer tiempo y contar con un hombre más en el último cuarto de hora, el conjunto visitante careció de contundencia y dejó escapar los tres puntos.

El arranque fue adverso para la visita. Apenas al minuto 2, el cuadro tapatío abrió el marcador a balón parado: Arturo González ejecutó un centro preciso al corazón del área regiomontana para la llegada de Manuel Capasso, quien conectó un certero cabezazo a la escuadra derecha de Nahuel Guzmán para firmar el 1-0. Lejos de replegarse, los dirigidos por Hernán Elizondo adelantaron líneas y equilibraron el mediocampo. Juan Brunetta asumió el protagonismo ofensivo con disparos de media distancia, mientras que el atacante uruguayo Rodrigo Aguirre inquietó a la zaga local con un remate aéreo que rozó el poste.

La insistencia auriazul rindió frutos al minuto 21. En una secuencia de rápida asociación en tres cuartos de cancha, Aguirre habilitó a Brunetta, quien se perfiló y sacó un derechazo colocado desde fuera del área. El balón se incrustó pegado al poste izquierdo de Camilo Vargas para el 1-1 parcial. Tras la igualada, el encuentro se trabó en la disputa física. Aunque Tigres registró mayor volumen ofensivo con aproximaciones de Fernando Gorriarán y otro tiro de Brunetta contenido por Vargas, Atlas respondió por las bandas y exigió a la zaga regia. Con la paridad en el tanteador llegó el silbatazo del descanso.

En el complemento, Tigres mantuvo la iniciativa: Joaquim estuvo cerca de consumar la voltereta con un remate de cabeza que pasó por encima del travesaño. La respuesta rojinegra llegó mediante contragolpes orquestados por Duk y Luís Esteves. El punto de quiebre ocurrió al minuto 70, cuando Juan Purata —hasta hace poco elemento del plantel felino— fue expulsado, dejando al Atlas con diez futbolistas. Con la ventaja numérica, Tigres volcó su bloque al frente y replegó a los locales en su propio terreno.

Sin embargo, fue la escuadra tapatía la que encontró el gol decisivo al 81′. Édgar Zaldívar asistió a Luís Esteves, quien sacó un disparo raso de media distancia; el balón picó en el césped, complicó a Nahuel Guzmán y terminó colándose pegado a su poste izquierdo para el 2-1. Si, el gol es un error grotesco de Nahuel, que por momentos parece mostrar que el tiempo no perdona.

La reacción felina fue inmediata. Al 83′, el árbitro central señaló una pena máxima por infracción en el área rojinegra. Juan Brunetta tomó el balón desde los once pasos, pero Camilo Vargas adivinó la trayectoria y rechazó el cobro para sostener la ventaja. En los minutos finales y durante los nueve minutos de compensación, Tigres insistió a través de Juan Pablo Vigón, Gorriarán y Brunetta, pero la zaga local y las intervenciones del guardameta colombiano neutralizaron cada intento hasta el silbatazo final.

Podría argumentarse que Tigres mereció mejor suerte, como ha ocurrido en buena parte del semestre, pero los merecimientos no se reflejan en la tabla. El conjunto universitario parece enfilarse hacia una extensa temporada de transición, esperando que su afición asimile la coyuntura del proceso.

Fuente: Tribuna