Monterrey, Nuevo León. — Bastaron noventa minutos para que el murmullo de la tribuna se transformara en certeza: el Monterrey de Matías Almeyda no solo juega distinto, siente distinto. La reciente exhibición con la goleada 6-1 sobre FC Juárez no fue una simple suma de tres puntos; representó una declaración de principios tácticos y una inyección de carácter para una plantilla que requirió cierta depuración y venía arrastrando semestres llenos de dudas en su funcionamiento colectivo.

El cambio de mentalidad es innegable. Almeyda plantó un 4-3-3 de alta intensidad que no especula con el marcador ni retrocede tras el primer golpe, algo que conecta mucho con la tribuna, aunque habrá momentos, normalmente los más álgidos del torneo, donde será necesario recurrir al repliegue. La presión asfixiante en campo rival, los duelos individuales por todo el ancho del terreno y la agresividad para atacar los espacios libres permitieron ráfagas letales, como esos tres goles en apenas seis minutos que liquidaron cualquier intento de resistencia fronteriza que, también hay que decirlo, fue nulo. Pero un signo de la salud deportiva de un equipo de fútbol se ve mucho en ese contexto, donde se logra demostrar todo el poderío ante rivales que dan tantas facilidades.

Las claves del nuevo Monterrey radican, en primer lugar, en una marcada agresividad estructural: el 4-3-3 no es estático, sino que adelanta líneas, ahoga la salida rival y convierte la recuperación rápida en transiciones fulgurantes. A esto se suma una alta intensidad en los duelos individuales, donde la exigencia física obliga a sostener marcas pegajosas y un ritmo incesante durante todo el encuentro. Asimismo, el ataque se ha vuelto diverso y no dependiente de una sola figura; la presencia de seis anotadores distintos demuestra que el peligro ya no depende de genialidades aisladas, sino del volumen ofensivo colectivo. Finalmente, destaca una profunda transformación anímica en un plantel que recuperó tanto la agresividad competitiva como una contundencia que parecía extraviada.

El impacto del estratega argentino trasciende la Sultana del Norte. Su arranque despierta nostalgia en Guadalajara, donde el recuerdo de sus títulos aún pesa, mientras que en Monterrey el mensaje es claro: este equipo tiene rumbo, ritmo y una identidad definida que promete marcar el paso del torneo.

Fuente: Tribuna