Japón.- La artista japonesa Yayoi Kusama, reconocida mundialmente por sus pinturas, esculturas e instalaciones cubiertas de lunares, murió a los 97 años, informó este miércoles 26 de agosto su estudio. La creadora falleció el pasado 14 de agosto en un hospital de Tokio.

El estudio destacó que Kusama continuó trabajando hasta sus últimos días y mantuvo su compromiso con el arte. “Siguió pintando hasta sus últimos días, sin soltar jamás el pincel”, señaló el comunicado.

¿Cómo convirtió Kusama los lunares en su sello artístico?

Los puntos, redes y espirales se convirtieron en los elementos centrales de una obra marcada por la repetición y los colores intensos. Sus motivos aparecieron tanto en lienzos y esculturas como en instalaciones inmersivas que transformaban los espacios.

Kusama explicaba que pintaba el mundo tal como lo percibía, cubierto de manchas, a partir de alucinaciones que aseguró experimentar desde su infancia. A pesar de pasar décadas en instituciones psiquiátricas, nunca abandonó su búsqueda artística.

La creadora fue una de las primeras mujeres japonesas que viajaron a Nueva York para desarrollar una carrera artística. Llegó en 1957 y enfrentó años de pobreza y anonimato, pero mantuvo su estilo basado en los puntos pese a que la escena artística estadounidense privilegiaba otras tendencias.

¿Cuál fue el legado de Yayoi Kusama?

Durante su trayectoria, Kusama expuso en importantes recintos internacionales, entre ellos el Museo de Arte Moderno y el Museo Whitney de Arte Estadounidense, ambos en Nueva York. También desarrolló performances, películas, novelas y obras de gran formato.

A finales de la década de 1960 participó en performances antibélicas conocidas como “happenings”, en las que utilizaba círculos de papel sobre cuerpos humanos. Algunas de estas acciones provocaron arrestos por obscenidad y aumentaron la atención sobre su trabajo.

Entre sus obras más reconocidas se encuentran ‘Macaroni Girl’, ‘The Visionary Flowers’ y ‘Mirrored Corridor’, piezas que reflejan su particular combinación de repetición, psicodelia y exploración de temas como el infinito, el cuerpo y la identidad.

Su obra también trascendió el mundo de los museos y llegó a la moda y al consumo masivo mediante colaboraciones con marcas como Louis Vuitton. En 2008, una de sus piezas alcanzó 5.8 millones de dólares en una subasta de Christie’s.

En 2016, Kusama recibió la Orden de la Cultura, uno de los máximos reconocimientos que Japón concede a sus artistas. Al recibirla, afirmó que continuaría entregándose por completo a su trabajo y expresó su deseo de que su arte siguiera interesando al público después de su muerte.

Con su fallecimiento desaparece una de las figuras más singulares del arte contemporáneo japonés. Kusama rechazó etiquetas como pop, vanguardista o feminista, y defendió hasta el final una visión artística propia que convirtió sus característicos lunares en un lenguaje reconocido en todo el mundo.

Fuente: Tribuna