Política

PRI y PAN en Nuevo León: la alianza ineludible

Columna de Marco Guerrero

Columna de Marco Guerrero
Columna de Marco Guerrero Crédito: Tribuna Norte

Monterrey, Nuevo León. – La alianza entre el PRI y el PAN en Nuevo León ha dejado de ser un simple acuerdo pragmático para convertirse en el pilar estratégico definitivo que definirá la viabilidad política de la oposición rumbo a 2027. Tras las severas lecciones dejadas por comicios previos frente al avance territorial de Movimiento Ciudadano y el empuje de Morena, las cúpulas partidistas y los analistas locales convergen en un principio ineludible: la coalición no es una alternativa opcional, sino una estricta condición de supervivencia institucional y gobernabilidad democrática.

Los números electorales no admiten lecturas tibias. En la contienda por el Palacio de Cantera, concurrir por vías separadas equivaldría a fragmentar el voto de centroderecha y pavimentar el triunfo de los adversarios. Las mediciones de Grupo Reforma y El Norte confirman con crudeza esta lógica matemática: el PAN ostenta un 26 por ciento de la intención del sufragio y el PRI retiene un 15 por ciento. De manera individual, ambos quedan a la zaga del 30 por ciento que aglutina el partido naranja; sin embargo, cohesionados en un solo bloque alcanzan un robusto 41 por ciento, rebasando el umbral necesario para consolidar la alternancia estatal. En esta ecuación, Adrián de la Garza se erige como la figura unificadora natural: su perfil combina el músculo operativo de las estructuras priistas con la empatía del electorado panista, sellando una candidatura sumamente competitiva.

El segundo frente inapelable es el Congreso del Estado, epicentro de las mayores rispideces políticas de la entidad. Preservar una fórmula parlamentaria conjunta conjura la pulverización del voto en distritos locales altamente disputados, evitando que Morena o MC se apropien de curules por mayorías relativas efímeras. Garantizar el control del Legislativo permite sostener contrapesos reales en asignaciones presupuestales, designaciones de órganos autónomos y blindar la legalidad frente a los excesos del Ejecutivo en turno.

El cinturón metropolitano —donde gravita el grueso del padrón y la riqueza productiva— requiere blindaje absoluto. Monterrey ha ratificado que las gestiones de coalición funcionan; perfiles consolidados como Lorena de la Garza proyectan hasta un 39.3 por ciento de respaldo popular bajo el esquema aliancista, dejando muy atrás a opciones aisladas. Sumar siglas amalgama la maquinaria territorial histórica del priismo con el voto clasemediero urbano del panismo frente a los programas federales y el aparato estatal. Sin esta cohesión total, la oposición firmaría su atomización en las urnas.

ECCE SIGNUM, Guerrero