Monterrey, Nuevo León. – La industria automotriz en México representa alrededor del 4.6 por ciento del Producto Interno Bruto nacional y el 21.6 por ciento del PIB manufacturero, con una producción anual de 3.9 millones de unidades que posicionan al país como el quinto mayor productor de vehículos ligeros y el cuarto fabricante de autopartes a nivel global.

A pesar de estas cifras macroeconómicas, el impacto de las políticas, los aranceles y la incertidumbre generada por Donald Trump mantiene al sector en pausa respecto a nuevas inversiones. Manuel Montoya, director del Clúster Automotriz de Nuevo León, explica que las empresas esperan claridad sobre cómo quedará configurado el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Mientras no exista esa certeza jurídica y comercial, las compañías seguirán posponiendo decisiones sobre inyección de capital para nuevas plantas o el lanzamiento de productos en el mercado mexicano.

Mientras en Estados Unidos se impulsa la industria automotriz local y se presiona para propiciar el retorno de empresas del sector, en territorio nacional los anuncios de nuevos proyectos son limitados, destacando casos como el de la armadora Kia, que confirmó la producción de su modelo EV3 en su complejo de Pesquería.

Este contexto comercial ha comenzado a generar ventanas de oportunidad para el fortalecimiento de la proveeduría local y nacional. Montoya detalla que las nuevas reglas de origen del acuerdo comercial obligan a las armadoras y a los proveedores globales a incrementar el contenido regional de los vehículos para cumplir con la normativa. Según estimaciones del Clúster Automotriz, antes de la entrada en vigor del tratado actual, el contenido regional rondaba el 23 por ciento, cifra que hoy alcanza el 39 por ciento.

Pese a este avance, el objetivo estratégico es llegar a un contenido regional del 75 por ciento, lo que representa un amplio margen para sustituir importaciones de componentes que provienen de Asia. Para lograr una integración efectiva de los proveedores nacionales, el director del organismo subraya que el Plan México, presentado por la administración federal, debe transitar de las intenciones iniciales hacia la implementación de programas específicos y operativos.

Entre las medidas propuestas por el sector se encuentran el establecimiento de incentivos directos para que las empresas multinacionales compren a proveedores mexicanos, la asignación de apoyos destinados a la modernización de maquinaria, la puesta en marcha de programas de inversión en capital productivo, la aplicación de estímulos fiscales y el acceso a esquemas de financiamiento competitivo. En este último punto, el directivo lamenta que el costo del dinero en el país siga siendo alto, con tasas que rondan el 14 por ciento, lo que contrasta con el financiamiento al 1 o 2 por ciento del que disponen las empresas competidoras en el extranjero, obstaculizando las condiciones de competencia equitativa.

Entre los principales pendientes de la industria en México se mantiene la alta dependencia de importaciones de componentes estratégicos de alta complejidad técnica y financiera, tales como piezas fundidas, componentes forjados y aluminio extruido e inyectado. A esto se suma el reto de la electrónica automotriz y la fabricación de microchips, rubros importados desde el continente asiático. Aunque la transición hacia la electromovilidad ofrece un escenario favorable y las instituciones universitarias del estado han respondido con planes de estudio especializados e investigación tecnológica, el sector enfatiza que es indispensable elevar el volumen de producción de vehículos eléctricos en el país para consolidar dichas capacidades, mientras que las pequeñas y medianas empresas continúan enfrentando el desafío de obtener las certificaciones requeridas.

Hacia el próximo mes de marzo, el Clúster Automotriz de Nuevo León conmemorará dos décadas de trayectoria continua, consolidándose como el organismo de su tipo más antiguo en la República Mexicana y agrupando a cerca de 130 empresas e instituciones de los distintos sectores involucrados. Montoya concluye que el modelo de colaboración entre la iniciativa privada, la academia y los distintos niveles de gobierno ha demostrado ser la mayor enseñanza para superar coyunturas políticas y económicas, sirviendo como referencia nacional para la creación de otros clústeres en el país.

Fuente: Tribuna