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NL: Dignidad, antros y la falacia de pedir moral

Columna de Marco Guerrero

Columna de Marco Guerrero
Columna de Marco Guerrero Crédito: Cortesía

 San Pedro Garza García, Nuevo León. – El debate sobre la discriminación en los centros nocturnos de San Pedro Garza García volvió a encenderse en la conversación pública tras nuevos señalamientos por filtros de acceso basados en el tono de piel, la vestimenta o el perfil socioeconómico de los clientes. La indignación colectiva reaparece de forma cíclica en redes sociales, exigiendo sanciones, clausuras y una supuesta rectificación ética por parte de establecimientos cuyo modelo de negocio, paradójicamente, siempre ha lucrado con la exclusión.

Erradicar cualquier trato diferenciado por motivos tan superficiales y banales es un principio elemental de convivencia civilizada. Nadie con un mínimo sentido de justicia puede justificar que a una persona se le niegue el paso o se le relegue por su apariencia física. Sin embargo, resulta profundamente ingenuo exigir estándares de alta moralidad en espacios donde predomina todo, excepto la rectitud moral. Los antros y centros nocturnos son empresas lícitas que generan derrama económica y fuentes de empleo, pero en su esencia operan inmersos en la más pura banalidad, el culto a la apariencia y un sinnúmero de vicios propios de la vida nocturna.

Pedirle a un grupo de cadeneros que actúe con probidad filosófica equivale a buscar fruta fresca en un pantano. Si el valor fundamental que debe preservarse es la dignidad humana, la primera línea de defensa debe ser un acto de conciencia individual. La dignidad no se mendiga ante la cadena de un establecimiento frívolo, ni se rescata obligando por la vía administrativa a que un negocio clasista nos abra la puerta para consumir en sus mesas.

La respuesta más lúcida no radica en forzar a estos sitios a simular una inclusión postiza mediante decretos o inspecciones municipales. El verdadero poder reside en el consumidor. Deberíamos ser nosotros mismos quienes ejerzamos un riguroso criterio de rechazo, ignorando por completo aquellos locales que basan su prestigio en el desprecio hacia los demás. No hay sanción más demoledora ni lección más pedagógica para un negocio que el vacío absoluto.

En vez de pelear por entrar a un entorno diseñado para la vanidad y la segregación, la dignidad individual exige dar la espalda y retirarles el capital. Nada educa con mayor rigor a la arrogancia que el castigo silencioso del mercado.

ECCE SIGNUM, Guerrero

Fuente: Tribuna