Monterrey, Nuevo León. – La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) acaba de sacudir el tablero macroeconómico al duplicar prácticamente su pronóstico de crecimiento para México en este 2026, pasando de un anémico 0.8 por ciento estimado en junio a un 1.5 por ciento en su más reciente reporte de septiembre. Si bien un incremento de siete décimas porcentuales siempre resulta bienvenido en los balances preliminares, descorchar la champaña en las salas de juntas sería una ingenuidad financiera imperdonable. Conviene desmenuzar las cifras sin el filtro del optimismo burocrático para entender hacia dónde va el dinero real.

El organismo internacional atribuye esta corrección al vigor persistente de la manufactura tecnológica y al efecto rezagado del ciclo de relajación monetaria en el costo del crédito. Sin embargo, colocar el dato bajo la lupa global revela un rezago evidente: el 1.5 por ciento nacional queda bastante por debajo del promedio mundial de 2.9 por ciento y lejos de socios estratégicos como Estados Unidos (2.2 por ciento) o China (4.5 por ciento). La economía mexicana navega en la medianía de la tabla internacional, superando a gigantes estancados como Canadá (0.9 por ciento) o Francia (0.4 por ciento), pero a años luz de locomotoras emergentes como India (7.1 por ciento) o Indonesia (5.2 por ciento).

Para el ecosistema empresarial, el verdadero reto radica en el costo de la vida y el precio del dinero. La OCDE anticipa que la inflación cerrará el ejercicio en 4.1 por ciento, todavía por encima del rango objetivo de Banco de México, antes de converger hacia el 3.4 por ciento en 2027. Aunque los subsidios oficiales amortiguan temporalmente el choque energético, las tesorerías no pueden ignorar que los márgenes operativos seguirán bajo asedio.

¿Cómo navegar este escenario? Primero, es indispensable optimizar las líneas de financiamiento ahora que las tasas ceden terreno, reestructurando pasivos costosos. Segundo, urge blindar contratos y costos de insumos frente a la persistencia inflacionaria. Crecer al 1.5 por ciento no es una fiesta económica: es una ventana de disciplina donde solo las empresas con liquidez blindada ganarán terreno.

Fuente: Tribuna