Nueva Jersey, Estados Unidos. – El segundo compromiso del proceso de Rafael Márquez al frente de la Selección Mexicana dejó un saldo de consideraciones complejas y análisis tácticos profundos tras igualar a un gol por bando ante la selección de Perú en un encuentro disputado en territorio estadounidense. El resultado, lejos de consolidar las buenas sensaciones proyectadas en su presentación previa frente a Colombia, expuso ciertas carencias estructurales y dificultades operativas que el cuerpo técnico nacional deberá atender con urgencia de cara a los próximos desafíos internacionales del combinado absoluto.
Desde el silbatazo inicial, el conjunto tricolor intentó implementar la propuesta futbolística promovida por el estratega, una idea basada en la circulación corta y paciente del balón, la búsqueda constante de protagonismo territorial y la habilitación de los elementos de mayor creatividad en el sector de creación. Sin embargo, la ordenada y férrea disposición táctica del cuadro sudamericano neutralizó con gran eficacia las intenciones ofensivas de un equipo que presentó importantes variantes en su alineación inicial, incorporando a futbolistas jóvenes y con escasa experiencia previa en partidos de alta exigencia internacional, tales como Everardo López, Denzell García, Isaías Violante y Jeremy Márquez.
La inclusión de este último en una demarcación inusual generó fricciones y complicaciones evidentes en el entramado defensivo del equipo mexicano. Desempeñándose como lateral derecho —una posición a la que ha debido adaptarse de forma improvisada en su club—, el jugador mostró limitaciones posicionales y de lectura que la escuadra peruana supo explotar con absoluta inteligencia táctica. Al minuto 26 de la primera mitad, tras un despeje largo del guardameta Pedro Gallese, una imprecisión en la zona medular permitió a los visitantes capitalizar una falla en la cobertura defensiva, culminando la acción con una definición precisa de Jairo Vélez que silenció a la afición mexicana y puso en ventaja a los incas en el marcador.
Durante los primeros 45 minutos, la producción ofensiva del combinado azteca se redujo a intentos esporádicos de media distancia, careciendo de profundidad, desborde y claridad en los metros finales ante un bloque defensivo rival que se mostró infranqueable y disciplinado.
La tónica del partido dio un giro radical para el complemento. El equipo saltó al césped con mayor intensidad y una lectura más agresiva de los espacios abiertos. El premio a esta modificación en la actitud táctica llegó al minuto cinco de la segunda parte, cuando en una jugada a balón parado originada en los linderos del área, Denzell García ejecutó un centro preciso al corazón del área. El defensor Víctor ‘Toro’ Guzmán se elevó con autoridad por los aires para conectar un certero cabezazo que superó la estirada del guardameta Gallese, decretando el empate parcial y desatando la reacción en las gradas.
A partir de la anotación de la igualada, la pelota parada se convirtió en la principal herramienta de peligro constante para el Tricolor, generando opciones claras que pusieron en aprietos a la zaga peruana. No obstante, la falta de contundencia y precisión en la definición final impidió a los delanteros Germán Berterame y Santiago Giménez concretar la remontada, desaprovechando las oportunidades más claras del segundo tiempo.
Con este balance, la escuadra dirigida por Rafael Márquez tiene la obligación de reagruparse con rapidez para afinar detalles tácticos y corregir las deficiencias mostradas en la retaguardia. El próximo examen del representativo mexicano tendrá lugar este sábado 3 de octubre de 2026, cuando se enfrente a su rival de la región, Estados Unidos, en un duelo que pondrá a prueba la evolución del proyecto técnico actual.
Fuente: Tribuna
