Monterrey, Nuevo León. – La memoria colectiva de una sociedad suele ser el antídoto más eficaz contra la soberbia y los espejismos del poder. En el verano de 2021, Nuevo León cometió una costosa equivocación que alteró profundamente su estabilidad institucional. En medio de un abstencionismo apático y la pulverización del voto opositor provocada por cálculos mezquinos, se le facilitó el ascenso al Palacio de Cantera a Samuel García. Lo que se vendió entonces como una supuesta renovación política terminó convirtiéndose en un lustro de improvisación gubernamental, confrontación permanente entre poderes, parálisis presupuestal y una crisis lacerante en temas básicos como el transporte, la infraestructura y el agua. La factura de gobernar a base de mercadotecnia digital y arrebatos ha sido sumamente onerosa para la entidad; sin embargo, el calendario republicano ofrece una oportunidad histórica e impostergable para corregir el rumbo.

Esa rectificación indispensable tiene un nombre, una ruta y un liderazgo probado: Adrián de la Garza Santos. La presentación ciudadana de su Segundo Informe de Gobierno al frente de Monterrey no fue un acto protocolario más; representó una contundente demostración de madurez administrativa y peso político. Al congregar en torno a su figura a expresidentes de la República como Vicente Fox y Felipe Calderón, y lograr que las dirigencias locales y nacionales de Acción Nacional y del Revolucionario Institucional ratificaran la alianza electoral, Adrián exhibió el músculo necesario para encabezar la gran cruzada por la gubernatura del estado. La oposición entendió por fin la lección de 2021: competir atomizados equivale a regalar la plaza a la frivolidad o abrirles las puertas a aventuras centralistas ajenas a la idiosincrasia del noreste.

La solvencia de De la Garza no descansa en discursos huecos ni promesas etéreas, sino en números tangibles y resultados a la vista de todos. Su gestión en la capital es el modelo indiscutible de lo que Nuevo León requiere con urgencia: finanzas sanas, liquidación de pasivos heredados, una inversión en obra pública sin adquirir deuda y una corporación policiaca certificada y dignificada que devuelve la tranquilidad a la ciudadanía. Esa templanza técnica para resolver problemas complejos es exactamente lo que el Estado extravió hace cinco años entre el ruido de las redes sociales. Hoy, con la alianza del PRI y el PAN sellada, la ciudadanía cuenta con la alternativa sólida que merece para cerrar el ciclo de la confrontación estéril.

ECCE SIGNUM, Guerrero

Fuente: Tribuna