Monterrey, Nuevo León. – El pez diablo, también conocido como pleco, continúa formando parte del inventario de diversos acuarios en la Zona Metropolitana de Monterrey, donde se oferta al público a precios que oscilan entre los 50 y los 120 pesos. Sin embargo, su comercialización accesible contrasta con los desafíos logísticos, espaciales y ambientales que implica su mantenimiento a largo plazo en espacios domésticos, una situación que ha generado posturas divididas entre los comerciantes locales.

Durante recorridos y consultas telefónicas realizadas a establecimientos especializados, se identificó que esta especie sigue siendo promocionada como una alternativa para el control de algas en las peceras. A pesar de ello, los encargados de los negocios puntualizan que existe una concepción errónea respecto a su función principal, ya que, si bien consume algas y restos de ciertos alimentos, no elimina los excrementos de otros peces ni sustituye las labores regulares de limpieza y mantenimiento del ecosistema artificial.

Los costos de adquisición varían de acuerdo con el tamaño y el establecimiento. En algunos locales, el ejemplar se comercializa por 50 pesos, mientras que en otros los precios se ubican en los 70, 80, 100 o hasta 120 pesos. Los vendedores explican que existen distintas variedades con características morfológicas similares, lo que repercute en sus dimensiones finales. De acuerdo con los testimonios recabados, algunos ejemplares pueden alcanzar longitudes de entre 40 y 70 centímetros en su etapa adulta, un factor que complica su manejo en peceras de dimensiones reducidas.

Ante esta problemática relacionada con su crecimiento, algunos propietarios de acuarios han optado por suspender la venta de la especie. Argumentan que la falta de información inicial por parte de los compradores suele derivar en dificultades graves para su alojamiento. Además del espacio físico, que, según los expertos, requiere tanques de grandes dimensiones —superiores a los 20 galones habituales—, los ejemplares exigen una dieta específica basada en tabletas de algas cuyos precios en el mercado oscilan entre los 70 y los 250 pesos, dependiendo de la marca. A esto se suma la necesidad de contar con bombas de aire, sistemas de filtración avanzados y cambios periódicos de agua.

Uno de los aspectos más críticos señalados por los comerciantes radica en el destino final de los peces cuando superan la capacidad de las peceras caseras. Jesús, encargado de uno de los establecimientos consultados, indicó que una práctica recurrente consiste en abandonar a los ejemplares en ríos y otros cuerpos de agua naturales cuando los compradores pierden el interés o la capacidad de mantenerlos. La introducción de esta especie ajena a los ecosistemas locales representa una amenaza latente para la fauna nativa, debido a su capacidad de adaptación, al consumo de huevecillos de otras especies y a la alteración de los equilibrios biológicos regionales.

Como medida preventiva para mitigar este impacto ecológico, algunos comercios han implementado políticas internas que permiten a los clientes devolver los peces al establecimiento cuando ya no pueden mantenerlos en casa, siempre y cuando el negocio disponga de espacio y el animal se encuentre en condiciones óptimas de salud. Esta alternativa busca disuadir la liberación clandestina en mantos acuíferos urbanos y rurales.

La disparidad de criterios entre los comerciantes refleja una dualidad en el mercado local. Mientras ciertos establecimientos mantienen la venta regular del pez diablo bajo advertencias previas sobre sus requerimientos, otros prefieren promover opciones alternativas para el control de algas que no comprometan el bienestar animal ni representen un riesgo potencial para los ecosistemas de Nuevo León. La regulación y la concientización sobre la tenencia responsable continúan siendo elementos centrales para evitar que una mascota de bajo costo inicial se convierta en un problema ambiental de proporciones mayores.

Fuente: Tribuna