Ciudad de México.- A pesar de los esfuerzos de las instituciones de salud, el costo del tratamiento del cáncer de mama sigue siendo prohibitivo para la gran mayoría de los pacientes. Y es que los estudios preliminares y las mastografías son solo el principio de una historia que puede durar años.
María Eugenia Sánchez de Lara sabe de ello. Hace 22 años recibió su primer diagnóstico, por el que sufrió la pérdida de una mama; el mal regresó 20 años después y, cuando pensó que lo había superado, volvió a aparecer.
“El primer diagnóstico de cáncer de mama lo tuve a los 42 años, en noviembre de hace 22 años, y fue un shock. En el momento que recibes un diagnóstico de cáncer de lo que sea, la vida entra como en un paréntesis.
“Implica un cambio sustancial que no tienes previsto, porque te enfrentas a una gran incertidumbre y por el cliché de que te dicen cáncer e inmediatamente piensas que te vas a morir”, recuerda, en entrevista exclusiva para TRIBUNA CAPITAL.
El 2004 no fue precisamente el mejor año para Sánchez de Lara. Seis meses antes, se había separado del padre de su segundo hijo y ahora enfrentaba un diagnóstico que la ponía cara a cara con la muerte.
Yo me había separado del papá de mi hijo, que entonces tenía seis años, en marzo de ese año y volteaba a ver a la criatura y decía: ‘no me puedo morir porque si me muero, este pobre se va a tener que ir a vivir con el imbécil de su padre y no le puedo hacer eso’”, relata.
Toda la vida por vivir
Para María Eugenia, el diagnóstico de cáncer significó detenerse para evaluar su vida, lo que había logrado y lo que quería hacer con el tiempo y la salud que aún le quedaba.
“Recuerdo que en el momento que tenía que esperar a que me dijeran si había metástasis o no, estaba echada en la cama del lugar y pensé: ‘Bueno, si estos cabrones me dicen que me voy a morir, ¿qué me faltó hacer?. He viajado, he tenido maridos, novios, amantes, tengo dos hijos, mi vida ha sido muy plena, ¿de qué me quedé con las ganas?'”.
“Y dije, quiero cantar. Y quería cantar porque yo siempre he sido una persona a la que le gusta mucho el arte. En algún momento de mi vida me dediqué a la actuación, hice televisión en Canal 11, he hecho cine”, explica.
Aunque durante su infancia su papá le recomendó no cantar, porque la que tenía el talento era su hermana, Sánchez de Lara tomó clases de canto y ejerce esta actividad artística desde hace 20 años en bares, foros y pequeños locales.
“No soy una teta”
Los tratamientos fueron, literalmente, salvajes. Además de perder un seno, tuvo que someterse a la extracción del útero, pero las reacciones que tuvo su organismo hicieron que incluso terminara con una costilla expuesta.
Las cosas no terminaron allí. Luego de 20 años de sobrevivir tanto a la enfermedad como a los tratamientos, el cáncer reapareció y María Eugenia tuvo que enfrentarlo de nuevo.
“El 27 de noviembre de 2024, voy a hacerme una mastografía y un ultrasonido, y hora y media más tarde me llega un correo con los resultados del laboratorio: tengo un nódulo. Es cáncer otra vez”.
“El doctor que me trató 20 años antes me dijo: ‘hay qué hacerte una biopsia’ y yo le dije: ‘Ya quítame el pecho, hombre. Tengo 63 años, no voy a hacer topless en ningún bar; si pude vivir sin una, puedo vivir sin la otra, no pasa nada: no soy una teta’”, cuenta.
La respuesta hizo que Maru dejara al doctor, pero no su tratamiento. Se acercó a la Fundación de Cáncer de Mama, Fucam, donde recibió parte del tratamiento y las fuerzas necesarias para seguir.
El costo de seguir vivo
Desde entonces la vida no ha sido sencilla. Luego de más de 30 operaciones, años de quimioterapias y radioterapias, ya no hay aseguradora que le dé una póliza que incluya sus tratamientos.
Yo tenía un seguro que cubría todo, menos cáncer de mama, porque ya había perdido un seguro antes. Cuando volví a conseguir a quien me asegurara, me pusieron como exclusión el cáncer de mama”, añade.
Tras quedarse sin seguro médico, tuvo que hacer frente a los estudios. Aún yendo a instituciones públicas, donde pagó para tener acceso a sus tratamientos y recibir apoyo de fundaciones, gastó más de medio millón de pesos en un solo año.
“El cáncer le da a una persona, pero lo padece un montón de gente. La familia, los compañeros de trabajo, los amigos, todo el mundo tiene cierto grado de sufrimiento, de dolor debido a la cercanía”, concluye.
Fuente: Tribuna
