Monterrey, Nuevo León. – La confirmación del Estadio BBVA como sede para el juego de vuelta de los Cuartos de Final de la Concacaf Nations League frente a Jamaica representa un hecho inédito y largamente postergado para el futbol de Nuevo León. Tras 18 años sin recibir un partido de carácter oficial de la Selección Mexicana absoluta, la plaza regiomontana volverá a ser el epicentro de una eliminatoria formal de eliminación directa. Sin embargo, la trascendencia del acontecimiento no reside únicamente en la ruptura de esa prolongada sequía estadística, sino en el mensaje que la tribuna de la Sultana del Norte está obligada a proyectar hacia el plano nacional.
Históricamente, la relación entre la afición neoleonesa y el representativo nacional ha transitado por una paradójica distancia emocional. Acostumbrada a la pasión desbordada que consumen cada fin de semana Tigres y Rayados, la plaza suele mirar al Tri con un escepticismo alimentado por la lejanía geográfica y el hastío ante la toxicidad mediática capitalina. No obstante, en un contexto donde el proceso técnico de Rafael Márquez demanda certezas tras baches recientes, caer en la indiferencia o el reproche prematuro constituiría un severo error de juicio.
La exigencia, rasgo del aficionado norteño, debe canalizarse como un motor competitivo. El Gigante de Acero tiene la oportunidad histórica de demostrar que su categoría de estadio mundialista no responde solamente a virtudes de infraestructura, sino al peso específico y la personalidad de su gente.
La afición futbolera de Nuevo León debe responder con grandeza, como hizo en el Mundial y cobijar al equipo nacional, presionar al sinodal desde el silbatazo inicial y ratificar que Monterrey es la capital futbolística del país.
Fuente: Tribuna
