Ciudad de México.- Una acción tan casual como comprar un café para llevar ya no siempre termina al acercar la tarjeta a la terminal. En algunos establecimientos de la Ciudad de México aparece antes otra pantalla: 10, 15 o 20 por ciento de propina.
Realmente no hubo servicio en mesa y la interacción se limitó a ordenar, pagar y recoger la orden. Aun así, la solicitud está ahí. La escena, común desde hace años en Estados Unidos, abre una discusión que comienza a sentirse en la capital del país: ¿hasta dónde corresponde al cliente complementar los ingresos de quienes trabajan en estos negocios?
En Estados Unidos, por ejemplo, el fenómeno conocido como ‘tip creep‘ o ‘tipflation‘ logra dar una imagen de la expansión de las solicitudes de propina a servicios donde antes no era habitual ejercerla. Las terminales digitales han contribuido a hacerlo más visible al mostrar porcentajes de servicio antes de completar el pago del producto.
En México, la Procuraduría Federal del Consumidor reiteró en 2026 que la propina es voluntaria. Ningún establecimiento puede fijar un porcentaje obligatorio, agregarlo sin consentimiento ni condicionar el servicio a su pago. El consumidor puede elegir una cantidad, introducir otra o no dejar nada.
Salarios que no son claros
Pero detrás de la pantalla existe otro debate. La Ley Federal del Trabajo reconoce las propinas como parte de los ingresos de trabajadores de restaurantes, hoteles, bares, cafés y establecimientos similares, pero eso no elimina las obligaciones laborales del empleador.
Cuando una vacante presenta las propinas como parte del atractivo de la compensación, surge una pregunta de fondo: ¿cuánto debe garantizar el negocio y cuánto termina dependiendo de la voluntad del cliente? La propina puede reconocer un buen servicio; no debería convertirse en el mecanismo para trasladar al consumidor responsabilidad salarial de una empresa.
Fuente: Tribuna
